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RADIACION UV:
Cuidado, pero no alarma.
Cuando el calendario marca septiembre y florecen los árboles, en el chileno renace el romanticismo, pero también una reacción exagerada y una suerte de pánico por el adelgazamiento de la capa de ozono de la estratosfera.
Con la llegada de la primavera, el habitante de Punta Arenas está expuesto a una radiación mayor que lo habitual, pero hasta ahora ésta no ha superado los valores que experimenta la zona central de Chile durante el verano.
Lo que ocurre es sólo un cambio brusco de radiación, que incluso no tiente sentido compararla con la gran cantidad que reciben las personas que viven en las latitudes altas o del Ecuador. "Es necesario educar y cautelar a la población chilena en este aspecto, pero no alarmarla", informa el Dr. Juan Honeyman, director del Departamento de Dermatología del Hospital Clínico de la U. de Chile.
El especialista hizo notar a "El mercurio" esta visión más prudente, junto con entregar los últimos resultados oficiales acerca de los efectos de la radiación ultravioleta en su rango más dañino (UV-B) en los habitantes de la Región de Magallanes. El estudio, encargado por el Ministerio de Salud, es similar al que se hizo por primera vez en 1992.
MIDA SU SOMBRA
Según el Dr. Honeyman, en este tópico hay varios puntos que confunden a la gente. El agujero de ozono que se forma sobare la Antártida (a unos 12 kilómetros de altura) sólo alcanza el extremo del continente sudamericano y no se extiende al resto de nuestro país.
Y como no estamos en el Ecuador, los rayos solares nunca llegan verticalmente, sino en forma angular. Es decir, la radiación recorre un tramo mucho mayor por la atmósfera y gran parte entonces es absorbido.
Por consiguiente, lo que importa entonces no son las unidades Dobson, que miden el grosor de la capa de ozono. La clave es la cantidad de radiación que penetra por este escudo protector de radiación UV-B. Esta es especialmente más alta en primavera para el magallánico, pero ni siquiera se acerca a la que se expone el capitalismo durante el verano.
De acuerdo a cifras que maneja el Dr. Sergio Cabrera, del mismo plantel universitario, la radiación promedio que recibe Santiago durante el verano es de 9 micro watts por cm2.
Con respecto a la situación de Punta Arenas, la radiación promedio en el invierno es de 8 micro watts por cm2 y en verano de 5.7 micro watts por cm2, en primavera alcanza a 3.2,pero de un día para otro se puede pasar a valores máximos de verano. Cuando ello sucede, se pone a los magallánicos en alerta roja, ya que antes de esta década no estaban acostumbrados a variaciones tan súbitas.
El Dr. Juan Honeyman precisa que el escenario no es dramático ni en Chile ni el resto del mundo, pese a que se ha detectado una disminución global de ozono del 2% en las últimas décadas. Explica que los efectos biológicos de la radiación UV-B han aumentado porque ahora muchas más personas acuden con frecuencia a las playas o a las piscinas, y desean lucir el color bronceado de la piel. Al mismo tiempo como el promedio de vida es mayor, hay más años de radiación solar acumulada.
Lamentablemente, acota, el tostado que se adquiere (con aumento del pigmento natural melanina) sólo protege de los efectos agudos de la radiación, como las quemaduras. O sea, la melanina no previene en absoluto de aquellos daños crónicos sobre la piel, como el fotoenvejecimiento y la aparición probable de distintos tipos de cancer.
Por consiguiente, aconseja el buen uso de filtros solares de factor 15, pero puestos con abundancia en rostro y cuello. Si se aplica menos, por ejemplo una dosis de media cuchara, ello equivaldría a usar un de factor 4. Además, el especialista asegura la eficacia de estos productos, ya que su grupo de investigación los está controlando en el mercado desde hace ocho años.
También recuerda que el cenit en Chile no es a las 12 del día como en el Ecuador, sino alrededor de las 2 de la tarde, hora de mayor radiación y precaución. Incluso entrega una posibilidad interesante para que cada persona evalué su exposición al sol a través de la sombra que proyecta su cuerpo: mientras menor sea ésta, mayor es el riesgo. Compruebe.
FALTA EDUCAR
El trabajo realizado en la Región de Magallanes no evidenció consecuencias importantes desde el punto de vista de la salud, tomando como lapso los últimos ocho años desde que se hiciera el anterior. Se evaluaron 125 habitantes de Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir (hombres y mujeres con edad promedio de 42,6 años). Los exámenes no revelaron alteraciones en el sistema inmunológico ni tampoco aumento de cataratas y cáncer a la piel.
Sin embargo, se registraron en el 84% de los casos lesiones cutáneas, aunque prácticamente todas benignas. Entre ellas, destacan léntigo solar (mancas de la vejez), melasma (manchas parecidas a las del embarazo), herpes simple, fotoenvejecimiento, quelitis actínica (labios secos), eczema y eritema (quemaduras).
Lo que más llamó la atención de los investigadores fue el resultado de la encuesta en 110 casos, en particular porque se analizo también la tipología de la piel en esta población predominante blanca. El 64% no ha utilizado nunca un protector solar, el 41,5% no ha usado jamás lentes de sol y el 55,5% tenía antecedentes de quemaduras solares. Al parecer, más que asustar y desorientar a la gente, lo que se necesita son mensajes claros y correctos cuando las autoridades comunican sus esfuerzos encauzados en este asunto.
INFORMACION PUBLICADA POR EL DIARIO "EL MERCURIO" EDICION DIA SABADO 21 DE OCTUBRE DE 2000
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Ultima Revisión: Mayo 16 de 2002, por AustroInternet.
"Guide to Chilean Patagonia"©
1996